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miércoles, 22 de agosto de 2018

DESCUBRE EL CAFE DE GATOS DE PARIS


Desde que supe que existían siempre tuve el sueño de poder visitar alguno.

Imaginar decenas de gatos, saltando por las mesas, por las sillas. Felinos amos de un espacio, dejándose acariciar o simplemente durmiendo la siesta como si nadie más estuviese ahí...Pues esa mera idea ya me llenaba el corazón de alegría.


El Café abre todos los días, excepto los lunes y se encuentra en el Barrio 11° de París.

Hablo de los Cafés de Gatos. Bares, cafeterías que tienen en su staff a muchos mininos listos para pasearse entre las piernas de los clientes, dispuestos a acurrucarse al costado de algún humano bondadoso y donante de muchos cariños. O no.

Se trata de sitios donde los reyes son ellos. Tienen sus rascadores, juguetes, comederos y areneros. De hecho, mientras para muchos de ellos es su hogar de paso pues aguardan ser adoptados, para otros sencillamente es su “home sweet home”.



Los gatos hacen su vida como si no hubieran clientes.
Sea cual fuere la modalidad, está claro que son lugares "human-friendly". Resulta irónico que existiendo tantos espacios que se declaran amigos de los animales, en estos casos se pueda decir que en un Café de Gatos ellos son los dueños de casa y nosotros los invitados. Por una vez estamos del otro lado de la barra. Y eso es muy bueno. 


Mi primera visita a un Café gobernado por “miaus” fue hace 3 años en Paris. Se llama “Le Café des Chats” que abrió sus puertas en 2013 y alberga en forma permanente a una docena gatos que viven allí.



En este caso, lo que me sorprendió gratamente fue saber que todos esos gatos que conocí no estaban esperando ser adoptados. El café era su casa y la compartían con el resto del mundo.


Los gatos viven en el Café y está prohibido despertarlos cuando duermen. 


En el café de los gatos no hay jaulas (excepto el transporte para ir al veterinario): ellos son libres las 24 horas, no hay restricción de su movimiento dentro del sitio (excepto la cocina, por supuesto) ni de día ni de noche.

Todos los felinos que se encuentran allí han sido elegidos por su carácter: les gusta la presencia de otros gatos y aprecian la presencia de los humanos.


Los muebles no son de decoración: son los rascadores de los gatos.

Mi mayor asombro fue apreciar como todos los muebles les pertenecían a los gatos pues estaban llenos de marcas de uñas, obras de arte propias de un Picasso gatuno. Y nadie se quejaba al respecto.

No había silla, mesa o sillón sin marcar. Todos tenían sus huellas. Ellos paseaban entre los comensales, saltaban de una a otra mesa, dormían, se limpiaban, recibían alguna caricia y seguían durmiendo.


Los gatos tienen sus comederos, rascadores y agua fresca dentro del Café.

Las normas del lugar son bien claras y encontré muy valioso que así lo fuera, ya que la idea es ir de visita, mirarlos, hacerles un mimo si ellos lo desean, tomar un café o refresco y partir con alguna foto de estos seres maravillosos.


Las reglas son claras: no hay que molestar a los gatos.
Las reglas están escritas en la misma carta del menú y se intenta evitar molestar, acosar o forzar a los gatos a hacer algo que no quieren. De hecho, si alguien cruza ese límite, es advertido por los mozos del bar para acabar con el comportamiento perturbador.

Entre las leyes a seguir se encuentran por ejemplo:
  • Nunca hay que despertar a un gato que duerme: Los gatos están en su casa, los humanos son los invitados.
  • Esta totalmente prohibido dar de comer a los gatos: Los gatos que viven en el café siguen una dieta felina equilibrada que se adapta a su naturaleza y nivel de actividad, por lo que es malo dejarles comida de humanos. Algunos alimentos muy buenos para nosotros pueden ser tóxicos para ellos.
  • Los gatos son libres, no hay que forzarlos a hacer nada: Sus mimos siempre deben ser voluntarios, nunca se debe obligar a un gato a permanecer en las piernas o a upa en los brazos.
  •  Las fotografías son bienvenidas pero sin flash: se intenta respetar la frágil retina de los gatos, el ambiente del café y a los otros clientes.
  • Los niños están bajo la responsabilidad de sus padres y deben permanecer a su lado todo el tiempo: los pequeños (menores de 12 años) deben estar bajo estrecha supervisión, no deben circular en el café y siempre deben estar en la mesa con sus padres. Su interacción con un gato debe ser suave.

El Café es un precioso espacio para compartir una charla y recibir el cariño de un gatito.


Por último, les cuento que parte de las ganancias del "Café des Chats" se dona a la protección felina. Este es un hermoso gesto para seguir colaborando con la causa animal.


Recomiendo la visita!


Deseo que algún día todos puedan vivir esta experiencia única. Uno puede ir con amigos, con su familia, disfrutar de un momento en compañía de gatos, contribuir a salvar a otros animales y recibir –solo si alguno de los gatos lo quiere- un cariño felino.

Pedimos que se abran más Cafés de este tipo en todo el mundo :)

Porque aunque ya sabemos que los gatos son los reyes del Planeta, a todos nos seduce la idea de visitar su “reinado” al menos por unos minutos.


El Café es muy visitado por personas de todo el mundo.

Para leer más sobre “Le Café des Chats” y para reservar con tiempo pueden visitar su página web.


https://www.lecafedeschats.fr/



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